lunes, 25 de enero de 2010

Atrapada en el tiempo

Los días se suceden idénticos. Una monotonía parda y bien engrasada que agota mi cerebro lo suficiente como para no preocuparme demasiado.
Montañas de trabajo urgente capaces de consumir mis energías,
mis ganas,
mi tiempo,
mis días,
mi vida.
Con su goteo incensante de minutos grises y resbaladizos como peces.

Sigo la rueda. Soy un hamastercillo bien amaestrado. Me gusta la rueda. Me gusta el camino, me mantiene a salvo.
No hay nada más peligroso que salirse del sendero,
llamar la atención,
romper ciertos límites,
pasarse de la raya.

Aunque a veces lo hago,
por la noche.

2 comentarios:

monica dijo...

Sara, creo que tú eres cualquier cosa menos un ratoncito metido en una jaula dando vueltas. En un cuento que leí hace tiempo una niña decía que el tiempo que pasaba yendo a los recados, el tiempo de ayudar en la portería a su madre, el tiempo de limpiar y fregar, se lo metía doblado en el pecho y no lo sentía como tiempo suyo. Su verdadero tiempo era el que pasaba jugando con su mejor amiga. La otra no era ella.

Pablo aka Che dijo...

Prueba con pequeños artificios para crear la ilusión de cambio, por ejemplo:

Cambia el fondo de pantalla a diario, las fotos deben ser de tu rostro con gesticulaciones absurdas.

¿quien dijo que el zapato izquierdo debe ser idéntico al derecho? Cambia uno de los dos y te aseguras conversaciones fuera de los tópicos habituales.

Deposita unos cuantos garbanzos dentro de los calcetines. Esto te ayudará a alejarte de la quimeras del mundo en favor de tus sensaciones corporales.

Haz un bizcocho y compártelo con tus queridos compañeros de oficina (en realidad esto no es gran ayuda, pero a los demás nos gusta...)