lunes, 17 de diciembre de 2007

Contrapunto



“Mi miedo empezó contigo. No, no es verdad, antes había tenido otros miedos, todo el mundo los tiene. Son fantasmas que acechan desde las esquinas: miedo a llegar tarde al trabajo, a los extraños, a la muerte, a que alguien descubra lo que realmente eres y no te quiera a su lado, no sé, miedos comunes, lo que todo el mundo teme. Pero el auténtico terror, ese que te paraliza el pulso y hace que un ejército de hormigas te suba por las tripas, ese lo sentí en el momento en que aquel trozo de cartón se tiñó de rosa confirmándome lo que yo ya sabía. Desde ese día no puedo dormir y entiéndeme no es que no te quiera, no, es que es difícil asumir esta metamorfosis que sufre el universo, el universo entero concentrado en mi cuerpo. Mi cuerpo, antes aliado, ahora me parece ajeno, invadido de cientos de sirvientes displicentes y atareados, que me ignoran como a un loco. Mi cuerpo campana hueca donde resuena imparable tu vida. Tu vida, cómo será, me aterra sólo pensar la influencia enorme que voy a tener en ella. Vas a ser mío, solo mío. Si me viera mamá, debo de ser un monstruo, una de esas anormalidades que a veces la naturaleza permite. Millones de mujeres paren hijos todos los días y yo me siento extraña. Asombrada ante la idea de que estos pechos, terriblemente bellos que decía Julio, van a dar leche. Él aún no lo sabe, pero tranquilo, te quiso antes de que ni siquiera existieses.
Estoy asustada y temo que mis pensamientos puedan detener el milagro de tu vida. Porque eres un milagro, eso lo sé, a pesar de mí lo eres”

Laura escribía estas palabras inclinada sobre la mesa del estudio. Los últimos rayos de sol entraban oblicuos por la ventana bañando la habitación con una luz de cuento. Una luz de siesta y oro que envolvía la trepidante carrera mental de Laura con un tinte de sueño. No levantó la cabeza del cuaderno cuando Julio apareció a su espalda y se detuvo vacilante en el umbral de la puerta del estudio. ”Ahí está, escribiendo como siempre” pensó mientras se asía trémulo al picaporte de la puerta. Se había dicho así mismo que lo iba a hacer bien, que los años juntos merecían que diera la cara, que ella lo merecía. Pero todos sus argumentos se desplomaron llegado el momento. Lo cierto es que era un cobarde, no era capaz de enfrentar el fuego de aquellos ojos negros distraídos ahora en la caligrafía, sólo pensar que podía darse la vuelta y verle allí parado como un pasmarote le aterraba. Con cuidado para que no le oyese, se dirigió a la puerta de la calle por el pasillo. Aquella mañana había bajado las maletas al coche mientras ella estaba en la oficina, había sido una buena idea así evitaría una escena. Sacó del bolsillo la carta doblada que había escrito por si al final le flaqueaban las fuerzas. No se sentía culpable, bueno un poco sí, pero se aferraba a la idea de que era ella la que había provocado aquella situación. Nunca había querido tener hijos la verdad era esa, era demasiado egoísta, claro que nunca lo había reconocido. Los primeros años no importó, eran tan jóvenes y cuando ella le decía que esperasen no se alarmaba, había mucho tiempo. Pero cuando el tiempo empezó a apremiar ella no quiso, vale, es cierto no pudo, pero en el fondo no quería. Eso hizo que su amor se fuera consumiendo cada día un poco hasta que una mañana amaneció convertido en polvo. Fue el día que conoció a Alicia.
Dejó la carta sobre la mesa del comedor y le echó una última mirada a su salón, realmente no iba a echar de menos nada de todo aquello.
Laura se sobresaltó con el ruido de la puerta:- ¿Julio?

7 comentarios:

La Gata Insomne dijo...

qué fuerte!!!
a me puse triste, pero...
Julio no hace falta en esta historia
ella solita sale y feliz con todo y el inquilino que trae tantos inquiinos

escribes muy bien nña y espero que este sí sea ficción

besos

un tordo dijo...

el miedo es libre, dicen por aquí, y por allá?

en serio, tu texto pone el dedo en una llaga angosta, muy bueno!
saludos

Anónimo dijo...

Me ha encantado, está escrito genial!

Anónimo dijo...

Sara, este texto me parece de primera. Te lo digo de verdad.
Alicia

Mil Orillas dijo...

Mi cuerpo campana hueca....


Poderosa frase, Ari/Sara...

Quiero más!

besos....

Tendríamos que pensar en tomarnos unas cañas...digo yo...antes de que llegue la cuesta de enero con su cara de régimen de lechugas!

La Gata Insomne dijo...

Feliz Navidad amiga
ojala nos veamos en el 2008

besos

Mil Orillas dijo...

Felices Fiestas, Ari!

¿estarás cmiendo papitas arrugadas o cocidito madrileño?

Donde quiera que estés pásalo en grande!!!!!!!!!

Mil besos y buenos deseos ara ti!