domingo, 4 de noviembre de 2007

Invasión invisible

Tus primeros ataques comenzaron en mis pies. Las plantas rosadas e inocentes no supieron ver lo peligroso de tus intenciones y se dejaron acariciar sin oponer resistencia. Cuando quisieron darse cuenta, ya tu vanguardia avanzaba por los senderos de mis piernas. Se detuvieron en las rodillas para planificar la estrategia, parapetados en las corvas definieron objetivos. Tras un segundo de indecisión, continuaron su incursión ascendente atravesando la llanura blanca de mis muslos.
Yo centraba mi defensa en los miembros inferiores, cuando recibí el ataque en la cabeza. Una lluvia fina me penetró por los ojos sembrando mi cráneo de diminutos guerreros que al unísono coreaban tu nombre. La batalla de la cabeza fue inútil lucharla, antes de empezar ya era una guerra perdida. Mientras, tus batallones ya se habían hecho con mi cintura. Su paso por el pubis fue desolador: no hubo piedad y arrasaron con fuego y rosas hasta los últimos rincones.
La plaga ya era imparable y desesperada decidí apelar a tu benevolencia. Pero fue inútil, eras implacable. Tomaste de rehén mi corazón y me diste el ultimátum: "Ríndete" y mis labios murmuraron: "Jamás" mientras volaban a tu encuentro
.

Algunas cosas existen aunque no se vean. Hazlas aparecer

3 comentarios:

Atlántica dijo...

Jaja, genial. Creo que yo tenía una pista.
Un beso enorme!!

Insomne dijo...

¿ficcion? ¿porque ficcion? ;)
Un besote hermanita

La Gata Insomne dijo...

yo quiero

quiero

un poco

de ese virus!!!

genial!!!!!