jueves, 7 de diciembre de 2006

Gatita


Le puse Gatita porque supe que para mí no iba a haber otra en el mundo jamás. Por más gatos que conociese en mi vida ninguno sería como ella. Me mira con el misterio milenario de sus ojos verdes, transportándome al antiguo Egipto, a aquelarres pintados por Goya tiempo atrás, sin desvelarme los secretos que su pequeña cabecita atesora. Es caprichosa, egoista, mimosa, esquiva, como un encuentro con un conocido al que no se sabe bien que decir, otras veces dulce como solo ella puede serlo...

¡Miau! ¿Y ahora qué quieres? ¡Déjame escribir! Pero no, ha decidido que el teclado del ordenador es el sitio ideal para echarse una siesta. Intento echarla pero imposible, con gesto encantador alarga su patita y me coloca la paqueña zarpa sobre la palma de la mano, reclamando mis caricias. Otra vez lo ha hecho, soy suya.

1 comentario:

Virginia dijo...

ahh... me encanta. Los gatos tienen el poder de hacerte sentir la querido e ignorado al mismo tiempo.
Besosssss