martes, 28 de diciembre de 2010

Náufragos del asfalto

Fotografía de Luis Camacho del proyecto Náufragos del asfalto


Estaba invariablemente allí. Daba igual que día fuese. Al despertar y subir la persiana de mi habitación por la mañana, lo encontraba siempre sentado en la acera de enfrente, por temprano que fuese. Yo no entendía por qué se ponía allí y no en la esquina un poco más arriba, donde estaba los comercios y había más gente. Era mayor pero era difícil precisar cuánto. Tenía un rostro enjuto, enmarcado en cabellos grises que el aire y la intemperie habían ajado. A pesar de que nunca lo ví en pie, se notaba que era alto. Se cubría con una manta por la que escapaban unos largos miembros encogidos. Junto a él descansaba un petate sucio y varias bolsas de supermercado repletas de cosas que encontraba por ahí. A pesar de su mísera condición, tenía presencia, una especie de nobleza natural que transmitía que aunque estuviese mendigando era un señor.

Una mañana desperté y una gruesa manta de agua caía del cielo. A través del cristal cubierto de gotas le ví. Ahí estaba, en la acera de enfrente, empapado e inmóvil bajo la lluvia. Sin pensarlo tomé un paraguas de mi padre y bajé a la calle. Se lo entregué abierto y le dije "Para que no se moje" Me miró con extrañeza y lo tomó sin decir palabra. Crucé la calle corriendo bajo la lluvia y volví a mi casa. Miré por la ventana y volví a verlo. Había cerrado el paraguas.

viernes, 24 de diciembre de 2010

¡Feliz Navidad!

Os deseo una noche mágica

domingo, 19 de diciembre de 2010

Nuestro primer sushi

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sábado, 11 de diciembre de 2010

El sueño

Para Leyre que siempre sueña con ballenas



Érase una ballena que soñó que volaba. Pero no volaba, realmente la alzaban mil indios ereicas sobre un manto mágico que tenía el poder de conectar con los oceános más profundos. Así fue como la ballena viajó al remoto y extinto reino de la Atlántida y conoció el secreto momento en que los hombres y las criaturas se hablaban y consoló las penas de muchos sintiéndolas como propias, porque una sola lágrima de ballena es capaz de ahogar y disolver todas las penas que caben en la vida humana


martes, 7 de diciembre de 2010

Batallando

Yo he conocido a los monstruos.
Existen.
No se esconden en las tinieblas,
ni acechan desde los rincones.
Su aliento se nota un día
de repente,
empañando el espejo del baño.
Pero cuando ese día llega,
ya es tarde,
el monstruo ya te ha poseído
y no queda otro refugio
que huirle a la piel
a través de los muros del laberinto.
No queda otro remedio
que tomar la luz de todas las bombillas,
desechar el calor estéril del hogar,
y arrancar al monstruo de las propias entrañas
Después, con el pecho herido de muerte
solo queda el vacío,
pero en el vacío
por fin,
hay aire.

miércoles, 1 de diciembre de 2010

Protégete. Respeta. Integra