
Esta mañana he vuelto a encontrar la tapa del váter levantada. Es la cuarta vez que ocurre. Sé que es una locura pero no he podido dejar de mirar el ventanuco de la pared. Sí, por ahí cabría. Luego he salido al pasillo y he recorrido una a una las puertas de las celdas. Todas iguales. Todas cerradas. Más tarde en el refectorio, no sé que había en el ambiente, pero todas las miradas me parecían esquivas y Sor Marta parecía estar ocultando algo. La encontré distinta, tenía un aire preocupado y distraído al mismo tiempo. Le brillaban los ojos. Quizás sea una locura, pero esta noche, dejaré mi puerta abierta

