sábado, 29 de mayo de 2010

La serpiente

Final de mayo. Ya. Una serpiente camina por mi calendario, ese que pego con ilusión ansiosa cada enero, en la pared del cubículo donde trabajo. Lo sujeto con cuidado con cinta de celo y dedico largo rato a examinarlo. Cuento las fiestas, compruebo los puentes, señalo cumpleaños. Escruto con detenimiento cada uno de los meses e intento adivinar los hechos que marcarán los días. Cuáles pasarán sin dejar eco en mi memoria (un martes más poblado de vagones, pantallas de ordenador y colchón frío), cuáles dejarán huella indeleble. En cuáles me acecha el enemigo. Si este año será el que contendrá la fecha de mi muerte, que sé inevitablemente escondida en las páginas de algún almanaque... O en cambio, cuales serán los días buenos, con la aventura aguardando tras la esquina mirándome azul. 365 oportunidades de olvidarme de mi misma. 365 oportunidades de cambiar algo, o no. Parecen muchas pero la serpiente devora implacable las noches y los días. Cada tachón en el calendario es una muesca en su piel . Piel dura, piel que no siente. Ella avanza sin tregua con voracidad salvaje de pesadilla, tragándoselo todo y sé que un día se lo tragará todo de verdad. Pero no aún.


Mayo ya.

Yo me visto de Lilith.