viernes, 29 de enero de 2010

La autora de este blog lleva 1 mes sin adsl

Advertencia a ya.com o esto se soluciona o tendreis que veroslas con ellos...
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jueves, 28 de enero de 2010

La ciudad de Esperanza




El viajero que desee alcanzar la ciudad de Esperanza habrá de recorrer un arduo camino. Son 49 jornadas en dirección a oriente las que la separan de aquí y en las que hay que atravesar primero un desierto de sal, luego un páramo azotado por vientos atronadores y finalmente enfrentarse a las caudalosas aguas el río Prou que circunvalan totalmente la ciudad y sobre las que nunca nadie logró construir un puente. Sin embargo no hay que temer ya que el viajero valeroso que realmente anhele llegar a Esperanza, encontrará un oasis en el desierto, refugio donde cobijarse en las frías noches del páramo e ingenio suficiente para convencer al barquero que mora en la ribera del Prou para que le pase a la otra orilla.


Son muchos los que ya a las puertas de la ciudad y tras haber pasado tantas pruebas, se quedan petrificados al descubrir que la ciudad de Esperanza está protegida por una cúpula cristalina de apariencia infranqueable. Muchos se dejan vencer por el desánimo pero son sólo los intrépidos y curiosos que se acercan a presenciar de cerca este artificio los que descubren con sorpresa que esta cúpula es de agua jabonosa. La ciudad de Esperanza está suspendida en el centro de una inmensa pompa de jabón que los viajeros atraviesan sin dificultad ya que el camino les ha vuelto ligeros enseñándoles cuál es el peso exacto de la vida. Ya en la ciudad es imposible distinguir a forasteros de los esperantinos. Todos están revestidos de la misma expresión de dicha contenida que les otorga el saber que Esperanza es la ciudad dónde comienzan todos los caminos.

lunes, 25 de enero de 2010

Atrapada en el tiempo

Los días se suceden idénticos. Una monotonía parda y bien engrasada que agota mi cerebro lo suficiente como para no preocuparme demasiado.
Montañas de trabajo urgente capaces de consumir mis energías,
mis ganas,
mi tiempo,
mis días,
mi vida.
Con su goteo incensante de minutos grises y resbaladizos como peces.

Sigo la rueda. Soy un hamastercillo bien amaestrado. Me gusta la rueda. Me gusta el camino, me mantiene a salvo.
No hay nada más peligroso que salirse del sendero,
llamar la atención,
romper ciertos límites,
pasarse de la raya.

Aunque a veces lo hago,
por la noche.

lunes, 11 de enero de 2010

Nostalgia de Jesús

Hoy el cielo está gris con esa luz opaca que solo invita al sueño. Decido bajar a fumar un cigarro porque no tengo ganas de nada. Salgo del edificio al jardín, que separa y a la vez ornamenta este parque empresarial. Estoy sola y la mente me lleva a recordar las muchas veces que he bajado a fumar contigo. Esa cotidianeidad compartida de confidencias, humo y risas que articulaba mi día a día de oficinista y que ahora ya no está. Esas cosas pequeñas que le dan sabor a la vida y que solo valoras de verdad cuando desaparecen. Estoy sola y hace frío, le doy una calada al cigarro y me pregunto qué estarás haciendo ahora. Ni siquiera sé si será de día o de noche, o mañana o ayer. Seguramente duermes, porque estás al otro lado del mundo y porque yo estoy despierta. Yo tan despierta, aspiro el humo del cigarrillo y te imagino.
Te imagino fumando acodado en la barandilla de la terraza de tu nuevo piso. Contemplando las montañas nevadas, esas que llaman la Cordillera. Te imagino mirando el abismo bullicioso que se extiende a los pies de tu edificio. Sumido en la observación del paisaje aún inexplorado y extraño de tu ciudad nueva. Con los ojos allí y el corazón a caballo entre dos continentes dejándose mecer por los suaves vientos australes. Te imagino entrando en una nueva oficina, cruzándote con caras distintas (a las que no puedo evitar envidiar), asistiendo a consejos y reuniones que comparten el mismo tedio con los de aquí, pero un sabor distinto.
Te imagino acodado en tu terraza y un poco estremecido ante esta aventura. Imagino una sombra de mujer que aparece a tu espalda y te rescata de tu ensimismamiento y de pronto te recuerda que no estás solo y te veo sonreir.
Te imagino lejos, te siento aún cerca, como la brasa de este cigarrillo que ya se extingue entre mis dedos. Lo apago y tomo aliento antes de sumergirme en mi también nueva, jungla de cristal. Esta que ya no habitas tú.

jueves, 7 de enero de 2010

Dos bajo uno: Encuentro

Nueva entrega del proyecto 2 bajo 1
El Capítulo 4