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Pese a mi espalda dolorida y tanto que el final fue bueno.
Aqui una muestra
tirando del hilo...

Esta vez no erraré el tiro. Se dice Juan apostado en la azotea de su edificio. Desde esa esquina puede atisbar a cualquiera que se acerque. Se aferra a la vieja carabina y mueve un poco las piernas entumecidas. Lleva casi una hora en la misma posición. Ha desmontado y limpiado el arma con precisión de miniaturista. No, no va a fallar. Con ojos ansiosos, escruta el cielo. Una sombra se acerca. Al principio no es más que un punto pero en seguida se definen los contornos de un ave grande. En un latido Juan dispara y la cigüeña cae en picado. Ya es de noche.
El hombre luce una inquietante sonrisa. “¿Hay algún problema?” Dice ella en un inglés casi inaudible. El hombre no contesta y vuelve a repasar con detenimiento la foto del pasaporte y su rostro como si se tratase del juego de las diferencias. Las palmas de sus manos empiezan a sudar. Se pregunta si habrán interceptado su equipaje. “¿Es la primera vez que viene a mi país?” Los otros no habían logrado pasar ¿y si ella tampoco? “Sí, la primera” No importaba. Tarde o temprano alguno pasaría. Sin abandonar su siniestra sonrisa, el hombre parece cotejar algún dato. Ella desgrana los segundos retorciéndose los dedos “Bienvenida. Siguiente”