jueves, 25 de junio de 2009

EL Blog III. Firmar el plasma: una gran aventura

Los escritores Lena Yau*, Sara Martín Cabrera* y Rafael Muñoz Zayas* participarán en una mesa redonda en torno al blog y la literatura.
Tratarán temas como las características de la escritura para el formato blog, la contraposición entre el autor a cara descubierta y el autor en la sombra, la heteronimia o las ventajas y desventajas del formato.
También se lanzarán preguntas como por qué se escribe un blog, dónde empieza y acaba su dimensión lúdica o en qué medida el formato supone fragmentar ya no sólo la escritura, sino también la realidad.

* Autores de Mil Orillas, Mujer en Laberinto y La cabina de combate respectivamente.

Os esperamos el 2 de Julio a las 19:30 en el Instituto Cervantes de Madrid.

Alcalá, 49. 28014 Madrid. Tel.: 00 34 91 436 76 00

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Tres años después de entrar en el Laberinto, dejo caer el velo de Ariadna. A todos los que leis este blog y estais en Madrid, me encantará encontrarme con vosotros para compartir experiencias y charla el jueves que viene, a los que estais lejos os invito a participar con vuestras preguntas y reflexiones en torno a la literatura en formato blog y os lo agradezco de antemano.

A los que me conoceis en persona y sabeis de , GRACIAS por el apoyo que me habeis brindado siempre (y sí, yo también estoy flipando)

martes, 23 de junio de 2009

ERE


ERES


SERE


ERASE


ERASABLE


SABLE


ABLE


ALE


¿EH?



La soberbia es lo que muchas veces no me deja ver. Llegó el tiempo temido, ese en el que ya no se distingue quién es quién y solo los números nos identifican. Y ahora toca correr, intentar huir a la desesperada por ventanales de barrotes, pillando todo lo que pueda, sin mirar atrás, antes de que definitivamente le cierren a uno la puerta.

Tal vez ha llegado el momento de salir de casa. Un salto sin red

miércoles, 17 de junio de 2009

Susana


A Susana le comía la culpa.

Sabía que parte de responsabilidad en esto la tenía la estricta educación que le dieron las monjitas teresianas.

Pero no toda.

El ambiente sofocante de su casa también tenía que ver. Ya de niña, la culpa la atenazaba cuando escondía la comida que no le gustaba, para tirarla luego al cubo de la basura en un despiste de su madre. Era entonces cuando pensaba en los negritos de África y la toca blanca y tiesa de la madre María Antonia planeaba por su consciencia como un avión militar.

Crecer no le alivió demasiado, porque en las noches de calor descubrió el placer de su propio cuerpo, unido al martirio de una vocecita que le decía que aquello tan rico era pecado. A las noches onanistas, se sucedían largos avemarías y promesas de ir a misa de 8 todos los días, y propósitos de enmienda siempre luego fracasados.

Su primer beso fue un dolor y es que Susana, asqueada por lo que la lujuria le había llevado a hacer, se enjuagó la boca con alcohol de 96º y se abrasó las mucosas por una semana.

A Martín no quiso volverle a ver.

Los años pasaron y la única constante en la vida de Susana era la culpa que la acechaba desde los rincones más insólitos. Era una buena chica, responsable en su trabajo, amorosa hija y hermana, la mejor de las amigas. Sabía lo que tenía que hacer.

Pero aun así la culpa la esperaba escondida en los dobleces. Las situaciones más irreprochables se tornaban en candentes "y si..." y en dolorosos "es que" La culpa infame se las sabía todas y encaramada a su espalda susurraba a su oído palabras que día a dia, se le tornaban sediciosas. La abrazaba con mil manos hasta dejarla sin aliento, trazando con caricias un corsé de perímetros cada días más estrechos. Le faltaba el aire

Entonces Susana aprendió a mentir.

Primero fue una mentira chiquita, una excusa pequeña pero muy bien armada (no desairar a un compañero que invitaba por su santo) que le permitió comerse un éclair de chocolate a pesar de estar en mitad del régimen.
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La culpa no dijo nada, su estomago dijo: más.

Regocijada por su conquista, elaboró su estrategia. En un plan bien orquestado, trazo las sendas, para vencer a su más inseparable amiga. Si hacía algo que a priori sabía que no debía hacer, construía complejos parlamentos y se los contaba así misma hasta creerselos. La culpa, amordazada de argumentos, seguía dando la lata pero su runrun era más bajo.
Justificaba todos sus actos a través de la consideración y las buenas formas.
Le dió a la culpa unas lecciones acerca de supervivencia en sociedad.
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Empezó a salir de noche. La culpa la esperaba en casa, pero no decía nada hasta que no se marchaban los chicos. Todos distintos. Luego tampoco decía nada porque Susana estaba demasido exhausta para escucharla.
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Logró echarla de casa entre aspavientos y reproches.
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Pero la culpa era astuta y un día que sabía que Susana regresaría temprano la espero agazapada en el zaguán. Le atacó por la espalda empleando todas sus artimañas. Le echó en cara su vida despreocupada e irresponsable, el dolor y los males que provocaba en sus padres ya ancianos, las traiciones a los amigos.
Susana desprevenida no supo como reaccionar y se permitió la escucha de las palabras de aquella vieja y conocida enemiga.
La culpa continuó furiosa: Achacó a su conducta y ejemplo los males que asolaban el barrio, las hambrunas del mundo, la contaminación de los océanos y el calentamiento de los mismos, la destrucción de los bosques, las lágrimas de las madres e incluso los cataclismo nucleares.
Susana tembló, un latigazo de rabia recorrió sus nervios crispados y en un arranque excepcional (ella nunca había sido violenta) le echó mano al cuello de aquella harpía gritona. Apretó y apretó hasta que vio el conocido rostro de la culpa ponerse moradito, casi del tono delicado que llaman ciclamen y aún siguió apretando aunque ya no sentía vida latir bajo sus dedos, maravillada por la fantástica ligereza que se expandía desde su pecho.

Hoy Susana camina sin tocar el suelo

jueves, 11 de junio de 2009

Tras los pasos de James Joyce



"I've put in so many enigmas and puzzles that it will keep the professors busy for centuries arguing over what I meant, and that's the only way of insuring one's immortality."

James Joyce



"He puesto muchos laberintos y enigmas que mantendrán ocupados durante siglos a los profesores discutiendo lo que yo quería decir. Es la única manera de lograr la inmortalidad"









Espero que 3 días en Dublín sean suficientes para encontrar la salida,



y entrar de nuevo