jueves, 30 de abril de 2009

domingo, 19 de abril de 2009

Última noche en casa de Miguel Camejo


Me he levantado antes del alba. Lo cierto es que apenas he podido dormir unas horas. No estoy nervioso, ni me ha entrado el canguelo, es sólo que anoche me di cuenta de la cantidad de tiempo que voy a estar sin ver mi casa e incluso que tal vez no la voy a volver a ver y me ha parecido una pérdida de tiempo pasarmela durmiendo. Asi que he decidido permanecer con los ojos muy abiertos, como si fueran el objetivo de una cámara registrando en mi cabeza todos los detalles de estas cuatro paredes. Salgo al patio y busco la lata que tengo escondida junto al aljibe donde guardo el tabaco. Mirando el cielo, me lio un cigarro. Se ven las estrellas así que mañana seguro hará buen tiempo para la travesía. A pesar de haber crecido entre barcos nunca me he embarcado tanto tiempo. Padre me ha dicho que hasta Cádiz hay cinco días y allí es donde dicen que nos mandan. No tengo miedo, los chicos de los campos sí, muchos no saben si quiera nadar, pero yo sí que sé. Llevo tres años ganando la travesía a nado del Charco, el día de San Ginés. No tengo miedo, Remedios sí. La tarde anterior la pasé con ella. Yo no paraba de hacer bromas y pavonearme de los tiros que iba a pegar y de todas las cosas lindas que le traería de la Península a mi vuelta, pero ella no se reía y tenía los ojos rojos como al borde de las lágrimas. Ya al despedirme me dejo besarla un rato largo, sin importarle que nos viesen. Su boca sabía al maní que le había comprado. Empiezo a sentir el relente en la cabeza, porque me han pelado esta mañana y me meto en casa. La Vieja se puso a llorar cuando me vió rapado. Yo me di un par de vueltas por el pueblo para que todos supiesen que me iba. Muchos chicos me miraban con admiración y yo sé que con un poco de envidia y les he contado lo de la instrucción y el uniforme. Camino por la galería que está dormida y silenciosa a esta hora y me detengo ante la puerta del cuarto de mis hermanas. Se oye un rumor muy débil de respiración y alguna vuelta en las sábanas. Huele al agua de colonia que todas usan. Me llego hasta la puerta del cuarto de mis padres pero me da miedo despertarles y me quedo detenido a unos metros de la puerta, pensando en todas las veces que he entrado corriendo de niño para besar a la Vieja, para jugar por la habitación y mirar las cosas de Padre, la máquina de escribir y los papeles que nos tenía prohibido que tocasemos. Hace tiempo que no entro. Ya no soy un niño. Empieza a amanecer y como oigo moverse a Padre me vuelvo a mi cuarto. Al rato salgo como si me acabase de levantar y ya está la Vieja haciendo el desayuno. Me lo como sin ganas, y aprisa porque ya está Padre esperando con el camión para llevarme. Me dirijo a la puerta sin despedirme de mis hermanas que aún duermen y con la Vieja detrás pisándome los pasos. Ya en la calle le doy un último beso en su mejilla reseca y me monto en el camión de Padre. Ella se queda en la puerta viendo como el camión se aleja y yo la miro hasta que se hace muy pequeña y desaparece en el horizonte.



Miguel Camejo era el hermano de mi abuela. Murió en Vitoria, en la Guerra Civil, con 17 años

sábado, 11 de abril de 2009

Quimera

Ya aquella misma tarde no sabría si había sido real o lo había imaginado. Buscaría con palabras torpes el cómo relatar a su familia expectante, debatiéndose entre la preocupación y el excepticismo, lo que le había sucedido. Trataría de asir en su mente unos pocos fragmentos azules, el huidizo fluir de una cabellera flotante, un destello plata bajo la superficie del agua. Esforzándose por retener imagenes cada vez más desibujadas, fracasaría al evocarlas ante ojos que él ya siempre adivinaría cargados de burla, con palabras imposibles que se deshacían al llegar a sus labios. No hubo quién le creyese y con el tiempo decidió no hablar más de ello, desesperanzado por no poder compartir la increible historia del día en que vió a una sirena.


sábado, 4 de abril de 2009

Viviendo en crisis

"No pretendamos que las cosas cambien si seguimos haciendo lo mismo. La crisis es la mejor bendición que puede sucederle a personas y países porque la crisis trae progresos. La creatividad nace de la angustia como el día nace de la noche oscura. Es en la crisis que nace la inventiva, los descubrimientos y las grandes estrategias. Quien supera la crisis se supera a sí mismo sin quedar "superado".
Quien atribuye a la crisis sus fracasos y penurias, violenta su propio talento y respeta más a los problemas que a las soluciones. La verdadera crisis es la crisis de la incompetencia. El inconveniente de las personas y los países es la pereza para encontrar las salidas y soluciones. Sin crisis no hay desafíos, sin desafíos la vida es una rutina, una lenta agonía. Sin crisis no hay méritos.
Es en la crisis donde aflora lo mejor de cada uno, porque sin crisis todo viento es caricia. Hablar de crisis es promoverla, y callar en la crisis es exaltar el conformismo. En vez de esto trabajemos duro. Acabemos de una vez con la única crisis amenazadora que es la tragedia de no querer luchar por superarla".
Albert Einstein (1879 - 1955)