viernes, 20 de marzo de 2009

Esperanza

Hoy he visto a una pareja en el metro. Estaban al pie de una escalera mecánica despidiendose antes de separarse. Él hacía el cambio a la línea 6. Ella se iba hacia la calle. Parecían extranjeros, puede que rumanos o de algún país del este. Estaban muy juntos y se hablaban en voz baja, con emoción contenida. Él alto y con rostro rojizo. Las manos recias sosteniendo las de ella, pequeñas y encallecidas. El rostro aún hermoso pero surcado ya por muchas líneas. Tras un beso rápido ha tomado la escalera hacia la salida. Yo he subido tras ella, mientras él se ha quedado detenido en el rellano de la escalera, viendo como ella se alejaba. A mitad de escalera ella se ha girado y le ha dedicado una sonrisa maravillosa. Una sonrisa que la ha iluminado toda entera y la ha rejuvenecido veinte años.

Yo he hundido la cabeza en mi libro, avergonzada de ser espía de aquel momento de felicidad ajena.


No he podido evitar sonreir.
Es genial cuando en un día negro te acabas reconciliando con la vida

lunes, 2 de marzo de 2009

Mujer lluvia

La mujer lluvia camina por las calles,

su piel apenas puede contener tanta humedad desconsolada.

Sus huellas son charcos donde juegan los niños

y beben las palomas en la madrugada.



La mujer lluvia toma trenes, aviones, guaguas,

anda buscando un sol que abrasa.

Solo quiere tumbarse sobre la tierra hasta quedar marchita.

Arropada y tibia, seca al fin. Sin agua.



No encuentra quién detenga sus torrentes,

se depierta entre sábanas empapadas,

que huelen a fracaso y abandono,

pero también tienen un rastro a lavanda



La mujer lluvia se mueve. Viaja.

Quiere dejar atrás tierra y casa,

pero aunque viva en ciudades trasparentes,

se le encharca siempre un poco el alma.



Carne morena, ignorante y aplastada.



Hoy me he despertado tarde y ha descubierto asombrada, que le ha salido una ramita verde en el pecho a la mujer lluvia