Hoy he visto a una pareja en el metro. Estaban al pie de una escalera mecánica despidiendose antes de separarse. Él hacía el cambio a la línea 6. Ella se iba hacia la calle. Parecían extranjeros, puede que rumanos o de algún país del este. Estaban muy juntos y se hablaban en voz baja, con emoción contenida. Él alto y con rostro rojizo. Las manos recias sosteniendo las de ella, pequeñas y encallecidas. El rostro aún hermoso pero surcado ya por muchas líneas. Tras un beso rápido ha tomado la escalera hacia la salida. Yo he subido tras ella, mientras él se ha quedado detenido en el rellano de la escalera, viendo como ella se alejaba. A mitad de escalera ella se ha girado y le ha dedicado una sonrisa maravillosa. Una sonrisa que la ha iluminado toda entera y la ha rejuvenecido veinte años.Yo he hundido la cabeza en mi libro, avergonzada de ser espía de aquel momento de felicidad ajena.
No he podido evitar sonreir.
Es genial cuando en un día negro te acabas reconciliando con la vida


