"En el imperio del kitsch totalitario las respuestas están dadas de antemano y eliminan la posibilidad de cualquier pregunta. De ello se desprende que el verdadero enemigo del kitsch totalitario es el hombre que pregunta. La pregunta es como un cuchillo que rasga el lienzo de la decoración pintada, para que podamos ver lo que se oculta tras ella. Así fue, por lo demás como Sabina le explico una vez a Teresa el sentido de sus cuadros: delante hay una mentira comprensible y trás ella reluce una verdad incomprensible"
La insoportable levedad del ser, Milan Kundera