domingo, 27 de julio de 2008

7 Vidas...bueno, ya sólo 6

"Dicen que no puedo hacerlo, un nosequé de la gravedad y de las leyes de la naturaleza, pero yo siento que no. Me paso las horas mirando por la ventana, sintiendo el placer del vientecito en los bigotes y cada vez que un pájaro cruza el trozo de cielo que alcanzo desde mi ventana, no puedo evitar lanzar grititos de placer. Mis amos creen que es instinto cazador y se dan codazos muy orgullosos siempre que lo hago, pero es purita envidia.

Desde mi ventana veo un parque donde pasan muchas cosas. Por la mañana un señor muy viejo duerme en uno de los bancos, luego se va y no vuelve hasta la noche, pero no importa porque enseguida llegan los niños. No suele haber muchos pero gritan como si fueran cientos y se quedan hasta que cae el sol. El anochecer, esa es mi hora preferida del día, el parque se oscurece y llegan ellos. He llegado a conocerlos a todos, el jefe es un macho negro pero hay como una docena más, se pasan la tarde jugando y a veces se retan y ocurren peleas
formidables que te ponen los pelos de la cola de punta. Me muero de ganas de bajar con ellos y pronto lo haré...

Debo trazar una estrategia, mis amos vigilan siempre las ventanas y nunca me dejan una abierta.

He encontrado la forma, la solana tiene un hueco estrecho, creo que si me arrastro podré pasar. Aprovecharé para hacerlo mientras duermen, así hasta la mañana no sé darán cuenta además solo estaré fuera una noche, con un poco de suerte ni se enteran.

Ha llegado el momento. Hay luna llena. Allá voy"

Bruma




Hoy nuestra fierecita nos ha dado un susto de muerte. Ha saltado desde un tercer piso mientras dormiamos. Afortunadamente a parte de un ojo hinchado (ver foto) y un susto muy grande, no le ha pasado nada. Espero que no lo haga más y prometo sacarla de paseo con el arnés que le compramos... Bueno por si acaso...vamos a poner tela metálica en la solana!

Ya tengo un milagro

domingo, 20 de julio de 2008

Madre de Dios V

- A ver la mano. Venga no seas tonta, enséñamela.
Rosita extendió la palma de la mano herida. El padre la tomó y la examinó con ansiedad como si pudiese ver en ella su destino. – No ha sido nada solo un arañazo aquí- dijo recorriendo con un dedo la herida lentamente. El gesto sorprendió a Rosita, pero no retiró la mano. El padre enrojeció y soltándola comenzó a darle órdenes acerca de la limpieza de la iglesia mientras se alejaba por la nave con cien hormigas corriéndole por el pecho. A Rosita le gusta estar en San Bartolomé aunque aún no se acostumbra a su cambio de vida. Su tía le ha comprado unos zuecos y ella que jamás se había caído de unos tacones no para de tropezar con ellos. Ninguna de sus cosas vale ahora. El hábito no hace al monje pero por algún sitio había que empezar había dicho la tía.
La decisión del padre Balbuena de tomar a Rosita de criada había sido un gran escándalo en Madre de Dios, pero pronto pasó. La recta actitud del Padre que siempre había sido muy querido y el aspecto pazguato que adquirió Rosita con sus nuevas ropas, sepultaron rápidamente la expectación de que aquella mujer hermosa como una bestia fuese a vivir con un hombre de dios. Para Alfonso Balbuena fue como un milagro, la materialización de sus deseos más ocultos. La primera vez que vio a Rosita fue un domingo de Gloria. En el momento de la consagración elevó la hostia y entre la masa oscura que agachaba la cabeza distinguió a Rosita. Estaba postrada de rodillas como el resto, pero en vez de humillar la cabeza tenía elevado el rostro y miraba fijamente la forma. Alfonso sintió que toda la divinidad del dios se hacía carne en aquellos ojos negros. Después la buscó siempre, todos los domingos, pero no la volvió a ver. Aún así en el momento de la consagración siempre veía su cara de virgen dolorosa.
Fue una tarde cuando la volvió a encontrar semanas después de la prohibición. Venía de dar el viado a un enfermo cuando vio pasar el carro. No pudo evitar una oleada de asco y vergüenza cuando sintió la rebeldía de su carne dormida. Pero entre todas aquellas mujeres provocadoras e infinitamente tristes, distinguió de nuevo a la virgen morena que se bamboleaba de lado a lado con el traqueteo del carro. Jamás como entonces sintió la prisión de sus hábitos. Quiso correr hacia el carro y bajarla en volandas pero permaneció de piedra y detestó como nunca aquella sotana negra que le volvía medio hombre. Aquella noche fue a la calle Evitamiento. Vestido con algunas ropas de antes de ser cura, espío a Rosita desde las sombras hasta el amanecer, testigo mudo de su devenir con unos y con otros. El día siguiente fue un día gris de zarpazo de fiera y sabanas muertas, pero a la noche ya la cabeza estaba clara. Tras unas pocas averiguaciones, se presentó en la casa de la tía de Rosita. Desde entonces Rosita es un modelo de recatamiento y barre el suelo de San Bartolome a diario, aunque a veces cuando nadie la ve aún se pone sus tacones.

jueves, 10 de julio de 2008




¿No cesará este rayo que me habita
el corazón de exasperadas fieras
y de fraguas coléricas y herreras
donde el metal más fresco se marchita?



¿No cesará esta terca estalactita
de cultivar sus duras cabelleras
como espadas y rígidas hogueras
hacia mi corazón que muge y grita?



Este rayo ni cesa ni se agota:
de mí mismo tomó su procedencia
y ejercita en mí mismo sus furores.



Esta obstinada piedra de mí brota
y sobre mí dirige la insistencia
de sus lluviosos rayos destructores.



Miguel Hernandez, El rayo que no cesa

domingo, 6 de julio de 2008

Mi piel

Fin de semana completo Shakira en el Rock in Rio y El amor en los tiempos del cólera esta vez en el salón de casa