Unos días de descanso descubriendo un poco más mi tierra...
martes, 29 de abril de 2008
viernes, 25 de abril de 2008
e e cummings
lunes, 21 de abril de 2008
viernes, 11 de abril de 2008
Madre de Dios II
Ajena a todo, Rosita vuelve a casa. Para ella aún es ayer. Va siguiendo la sombra por las calles, como un gato arrimada a las tapias de las casas, enemiga del sol. Rosita la india, Rosita la flor, hermosa equilibrista sobre imposibles tacones rojos. Piernas de alambre, caderas llenas, los ojos de niña soñolienta, la cabeza vacía ya pensando en las sábanas. Atraviesa el mercado de puntillas volviéndose invisible como le enseñó su tía. Hoy no hace falta, nadie la mira, andan todos como locos con unos carteles que han pegado en los muros. No puede ser el pregón de fiestas, aún falta mucho. Rosita la india no sabe leer, no fue mucho a la escuela. Primero el maestro no quería que dejase de ir, tanto que fue a hablar con su tía, pero desde que hablaron fue al contrario. Rosita no fue más a la escuela y era el maestro el que venía a casa. Pero Rosita igual, no aprendió a leer. Sin embargo le gustan los libros, hunde a menudo la cara en su páginas amarillentas, desliza la punta del dedo por el canto de las hojas e imagina los cuentos que contienen: Muchos son de amor, otros de miedo, otros vidas de santos, a veces se cuelan cuentos verdes de los de las noches. Cuando Rosita cumplió 14 años el maestro se empeñó en casarse. Pero la tía lo despachó amenazándole con ir al juez y diciéndole que no volviera más por aquella casa. Rosita lamentó que se llevara los libros con él.

