martes, 26 de febrero de 2008
sábado, 23 de febrero de 2008
Cándida
La culpa la tuvo la puñetera bolsita de plástico que Loli se empeñaba en poner en el cesto, por si tiraban chicles. Había tirado colillas en aquel sitio cientos de veces y nunca había pasado nada. Mira que se lo había dicho veces, que no pusiera bolsita, que quedaba fatal y no le gustaba a los jefes, que qué importaba si se pegaba un chicle, además aquello no era un colegio. Los bomberos estaban investigando y ya se había pedido la lista de quién quedaba en el edificio. Menos mal que nadie sabía que ella fumaba. Lo de la hierba lo tuvo siempre bien escondido. Quién iba a sospechar de ella, con un poco de suerte se la cargaba el vigilante, pero por si acaso tendría que hablar con la policía. Decirles que aquel chico era un porrero, un drogadicto, le había visto cientos de veces fumando por las noches cuando no quedaba nadie en el edificio. Siempre bebía Aquarius de naranja. Recordaba bien la lata vacía que había en el cesto. Pobre chico, le caía bien.
miércoles, 20 de febrero de 2008
domingo, 17 de febrero de 2008
Hola Necesito un nombre!
Mi nena ya tiene dos meses y aunque aun le queda un mes de estar con su madre ya estoy pensando en qué nombre ponerle...Estos son algunos de los que he pensado pero se aceptan sugerencias...
lunes, 11 de febrero de 2008
Pausa en Canarias
Escribo en Madrid de noche. Recién aterricé y solo el tiempo de llegar a casa y encender el ordenador. He estado tres días en mi casa. Sí, mi casa. Hace trece años que la dejé pero aún la Isla me recibe con abrazo de madre nada más plantar el pie en tierra. Solo abrirse la puerta del avión y ya noto su aliento tibio y húmedo. Respiro tranquila: Es el aire de mi tierra. Los días en Las Palmas siempre son días de fiesta. Las gentes hablan suave, con cadencia melosa que te envuelve y que en poco tiempo acompasa de nuevo mi voz. Volver a encontrar a los amigos y sentir que el tiempo se detiene. No hay nada que explicar, ellos saben quien soy. Redescubrir los rincones, meter los pies en el agua y dejar que el Atlántico te bañe al alma, lamiendo con paciencia las heridas. Recorrer con paso vagabundo mi ciudad y sentir que cada rincón tiene un recuerdo: el muro del mercado donde me sentaba con Yurena después del colegio, la casa de mis padres, los días que no íbamos al colegio y los pasábamos escondidas por la Cicer, el espejismo de dos niñas de uniforme entre los charcos de la marea.. Hay momentos en los que cuesta recordar por qué estoy en Madrid, y es duro pensar en la oficina mañana y en estar 9 horas encerrada en un edificio negro sin saber si el sol sigue brillando en la calle. Afortunadamente tengo los ojos grandes, ojos que fácilmente se llenan de agua y estoy cansada, tanto que mientras escribo ya solo oigo el rum-rum hipnótico de la lavadora que acompaña el ruido de las teclas que cada vez va más lento…
miércoles, 6 de febrero de 2008
Entrada número 100!!!
Escribir es una forma de ser


