martes, 31 de octubre de 2006

Yoga

"La palabra sánscrita yoga procede de la raíz yug, ‘yugo, unión’ y se traduce generalmente como “integración del individuo con el todo o Brahman).Una traducción podría ser ‘religión’, en el sentido de re-ligarse con Dios. Algunos antropólogos opinan que el yoga más antiguo no era místico ni religioso.
El yoga se originó en la India —donde persiste como tradición— hace por lo menos 3000 años (otros hablan de 5000 años, y los creyentes dicen que el yoga es eterno: existe desde siempre).

Hatha Yoga (literalmente ‘yoga de la tortura’), yoga de los asanas o posiciones corporales. Es el más conocido en todo el mundo. En el idioma sánscrito, hatha significa violencia, fuerza, por la
fuerza, forzado, obstinación, pertinacia, necesidad absoluta o inevitable (como causa de toda existencia y actividad), necesariamente, inevitablemente, por todos los medios, opresión, rapiña, ir detrás del enemigo (recogiendo el botín de guerra); hatha-karma ‘un acto de violencia’; hatha-yoga ‘yoga forzado’: pararse sobre una pierna con los brazos levantados, o inhalar humo parado cabeza abajo."
Wikipedia

Ohm, ohm, ohm,

shanti, shanti, shanti,

paz, paz, paz

Un lunes, sólo a mí se me ocurre empezar con el yoga un lunes. Tengo agujetas hasta en las pestañas, pero los nervios han aflojado un poco... Según mi profesora eso es que estoy trabajando bien mis chakras y mi karma empieza a estar en equilibrio con el universo. Yo asiento con cara de boba porque no tengo ni idea de lo que es el karma y lo del chakra me suena al sucedaneo de cangrejo en lata. Eso si me encanta cuando cantamos, OOOOHHHMMM, OHHHHMMM...Be water my friend!

P.S. Amplia la foto del maestro Ganga Puri y os mostrará todos sus secretos

domingo, 22 de octubre de 2006

Perdida en el paraiso

¿En qué momento mi cartera decidió que no quería vivir más conmigo? Tal vez le agobiaba el trasiego constante de bolso en bolso intentando seguir mis anhelos por ir a la moda, o decidió que quería vivir una aventura más allá de los límites de mi vida burguesa. Lo cierto es que me dejó, esa es la única explicación a su desaparición que encuentro, ya que en el cortísimo trayecto que había desde el bar de la estación a la puerta del autobús, no hubo ninguna mano maliciosa al acecho. No recuerdo haberme cruzado con nadie y estoy segura de haberla guardado cuidadosamente en el bolso después de pagar el cortado en la estación. Lo único que sé es que al llegar a la puerta del autobús e ir a pagar al conductor, ella ya no estaba.
Se fue dejándome sumida en la desesperación. De un golpe me robó mi identidad, mi poder económico, mis garantías sanitarias y algunos recuerdos manoseados y marchitos. Como despedida sólo me dejó la incertidumbre de si lograría coger un avión en las próximas dos horas, sujeta a la incompetencia policial y a la buena voluntad de un funcionario de Iberia.
No le hago reproches, entiendo que el tiempo y la calidad de vida en una isla tropical no tienen parangón con la monotonía gris y sucia de la ciudad. Yo también habría saltado del bolso y del autobús y de la ciudad si hubiese podido, sólo le reprocho su malicia al dejarme indocumentada, insolvente y desamparada en una isla donde irremediablemente sólo le conocía a él.

viernes, 13 de octubre de 2006


Nostalgia del desierto

Domingo. 11.40 am. Preparo el desayuno, en la calle una lluvia fina golpea los coches como un preludio del invierno que llega, lento pero llega... El café empieza a salir con su cotidiano burbujeo, abro la alacena buscando algo con que acompañarlo, una galleta, una magdalena, algo dulce que no engorde demasiado y de repente, sin saber por qué, esta ahí. Es un deseo lejano, un antojo que ha llegado desde el centro de mi hipotálamo y que recorre mi paladar con cosquilleo inquietante. Quiero amlou. El sabor olvidado vuelve con toda su fuerza y huelo el aroma único del aceite de argan, la dulzura de la miel, paladeo la textura granulosa de la almendra. Escapo de la cocina, de la ciudad, del pais, del continente. Me voy persiguiendo el amlou.
El viento agita las palmeras y levanta pequeños remolinos de polvo a sus pies. Los colores son tan brillantes que hieren los ojos. Siento la piel del rostro abrasada por un sol implacable pero limpio, un sol eterno que esta ahí desde siempre y que me dice al oído que sólo soy una más, una de las cientos de mujeres infinitas que ha visto vivir y morir bajo su reinado, con sus insignificantes miedos. No le hago caso, en este momento soy yo la eterna, el sólo está en el cielo supendido por una chincheta. Yo estoy aquí, viva.
El pitido del microondas me devuelve a la cocina, abro la ventana, la lluvia ha parado dejando un desconsuelo en las calles. Tengo que volver a Marruecos...

jueves, 12 de octubre de 2006

¡Feliz día!